Es probable que en los últimos días hayas podido observar por el suelo o por el campo unas hileras de oruguitas marrones cubiertas de pequeñas pilosidades. Se trata de la procesionaria del pino o Thaumetopoea pityocampa y cada año es la causante de más de un dolor de cabeza para veterinarios y propietarios de perros por su alta toxicidad. Esta oruga presenta por todo su cuerpo unos pelos urticantes que pueden provocar reacciones alérgicas e irritación en oídos, nariz y garganta al desprenderse y flotar por el aire. Esto es debido a una toxina llamada thaumatopina que, además de ser irritante, contiene una serie de enzimas que pueden llegar a producir necrosis en la piel o las mucosas por contacto directo.
Ciclo de vida de la oruga
Para evitar posibles accidentes es importante conocer su ciclo de vida. Todo comienza con el apareamiento de las polillas o mariposas procesionarias. Entre junio y septiembre, las polillas ponen huevos en la copa de los pinos que eclosionan 30-40 días después dando lugar a las pequeñas larvas u orugas. Estas larvas necesitan protegerse del frío invierno y para lograrlo construyen unos característicos nidos de seda, de aspecto algodonoso y color blanco, en las ramas de los árboles. Permanecen en el nido todo el invierno y mientras tanto comienzan a crecer y adquirir su apariencia más reconocible desarrollando sus irritantes pelos. Al inicio de la primavera, cuando las condiciones climáticas comienzan a ser más cálidas, las orugas emergen del nido y descienden al suelo en una fila recta y ordenada a modo de “procesión”. Una vez en el suelo se entierran y forman las crisálidas que darán lugar a nuevas polillas.
Prevención y atención veterinaria urgente

El ascenso de las temperaturas ha hecho posible que podamos encontrar estas pequeñas orugas antes de tiempo y ya se empiezan a observar perros que, tras un paseo o una jornada de campo, presentan lesiones necróticas en la trufa o en la lengua. El pronóstico es grave y puede llegar a ser letal para nuestras mascotas; por ello, es importantísimo tomar precauciones y evitar el contacto con las orugas. En caso de contacto accidental, debemos lavar la zona con agua caliente; ya que, la toxina es termolábil y el calor hace que se reduzca notablemente su efecto tóxico. Posteriormente es imprescindible acudir al veterinario para que pueda valorar la gravedad de las lesiones y establezca el mejor tratamiento posible en cada caso.
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