La toxemia de la gestación es un trastorno metabólico que aparece durante el preparto de ovejas y cabras y raramente en vacas. Esta patología aparece como consecuencia de un desequilibrio energético durante la gestación normalmente por culpa de un mal manejo. Pese a las mejoras en los protocolos de nutrición y en los sistemas productivos, este trastorno continúa presentándose con una prevalencia del 4% en los rebaños. Esta enfermedad tiene un importante impacto económico, debido a la pérdida de fetos, retrasos en salida a celo, costes veterinarios y menor producción lechera. De hecho, se considera como una de las principales causas de pérdidas económicas en las explotaciones ovinas.
Importancia de la nutrición
La toxemia aparece cuando hay un balance energético negativo en animales gestantes. Hacia el final de la gestación, el feto demanda altas cantidades de energía para crecer. Esta energía la obtiene a partir de la glucosa que se libera gracias a la movilización de reservas de grasa de la madre. Cuando las necesidades de glucosa del feto superan la capacidad de la madre para proporcionarla, se produce una bajada de la glucosa en sangre (hipoglucemia). Esta hipoglucemia puede evolucionar hasta provocar un fallo hepático por la producción de cuerpos cetónicos (cetosis). Como consecuencia, en la madre pueden aparecer síntomas como depresión, falta de apetito, dificultad al caminar, rechinar de dientes, temblores y, finalmente, postración. Si estos síntomas pasan desapercibidos y la enfermedad no se trata a tiempo puede llegar a ser mortal en el 80% de los casos.
Factores determinantes
Las gestaciones múltiples y las condiciones corporales inadecuadas son las principales causas de toxemia de la gestación. Las producciones de pequeños rumiantes en regímenes semi-intensivos e intensivos tienden a buscar una mayor prolificidad entre las reproductoras. No obstante, a menudo la alta prolificidad se asocia con aumentos en la mortalidad perinatal y con un mayor riesgo de toxemia debido a las altas demandas de energía de los fetos. De igual manera, las madres obesas o extremadamente delgadas son más sensibles a sufrir desequilibrios energéticos. Por todo ello, la prevención es fundamental para reducir las pérdidas asociadas a esta patología. El mejor protocolo preventivo estará basado en corregir las deficiencias en el manejo y en ajustar los programas nutricionales.

